MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

ENTREVISTA | Huitzilan venció la sombra gracias a Antorcha

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La paz social y el desarrollo urbano transformaron la vida de don Martín de Gante y su comunidad tras décadas de violencia y marginación

Sentado, con la sabiduría que dan 80 años de vida, don Martín de Gante Antonio recuerda con tristeza la oscuridad que llega como recuerdo de su niñez: sólo la luz del ocote y el hambre eran parte de su familia.

“Antorcha es un tronco fuerte; ellos nos enseñaron a luchar cuando los ricos nos veían inferiores por usar huaraches”. 

Después, la angustia por la violencia y el terror que les dejó la guerrilla de la Unión Campesina Independiente (UCI), hasta que esos sentimientos se convirtieron en un respiro de tranquilidad, al recordar cómo la paz social y el progreso llegaron a su municipio como un sueño que nunca creyeron que se convertiría en realidad.

Para don Martín el presente es "bonito", pero no olvida que su infancia se iluminó con candiles y pedazos de ocote, donde el maíz era un tesoro escaso y el trabajo dejaba como única recompensa un cansancio extremo y pobreza.

"Íbamos por leña para vender en Zapotitlán. Si nos daban dos monedas y tres tortillas por la carga, las aceptábamos felices porque teníamos hambre. Así de difícil era", relató.

En la década de los 60 y 70 no había carreteras y el azúcar era un lujo. La pobreza era tanta que el pueblo de Huitzilan quería un cambio, pues el cacicazgo los tenía sumergidos en la marginación y el miedo. 

Don Martín explicó que muchos pobladores confiaron en la UCI, organización que prometió cambiar la situación del indígena huitzilteco, pero al final volteó las armas contra los mismos campesinos, expulsó a más de medio pueblo y sumió al municipio en una etapa de terror.

Nombre y apellido, dijo, tiene quien encabezó a la UCI en Huitzilan: Felipe Reyes, un hombre venido de Veracruz. Su organización, lejos de traer trabajo o tranquilidad, instauró una violencia de la que no se escapaba nadie.

La violencia lo obligó a huir

Era tan brutal el acoso de los pistoleros de la UCI que don Martín tuvo que huir de su pueblo junto con su familia:

"Tuvimos que huir a Zapotitlán y Zacapoaxtla. Cuando me fui, luego vinieron los de la UCI y quemaron mi casa".

A pesar de estar fuera de Huitzilan, el miedo era constante:

"Dormíamos en las esquinas de las casas ajenas, siempre con el miedo de que nos estuvieran espiando los asesinos".

No obstante, una luz vino a iluminar su camino. Recuerda cómo Francisco Luna e Ignacio Gómez fueron de los compañeros que se levantaron por su pueblo y buscaron apoyo para recuperar la tranquilidad, logrando regresar un 21 de marzo de 1984, fecha que cambió la vida de la comunidad.

Antorcha es un tronco fuerte

Sólo el Movimiento Antorchista vino a salvar a su pueblo, aseguró don Martín, por eso afirma que nunca traicionará los ideales de su organización. Mientras otros grupos los abandonaban a su suerte, la guía desde Tecomatlán los condujo por un camino de desarrollo.

"Antorcha es un tronco fuerte, un hombre fuerte, por eso no le pueden ganar. Ellos nos enseñaron a luchar cuando los ricos nos veían inferiores por usar huaraches", dijo. Ahora, destacó, los jóvenes caminan de noche sin temor alguno sobre calles pavimentadas y con alumbrado público.

Sin embargo, enfatizó, la paz se debe conservar y trabajar para evitar que quienes no ayudaron en los momentos difíciles les arrebaten lo que el pueblo organizado ha logrado tras 42 años:

"Ustedes, los de la juventud, ya están contentos, ya no hay miedo. Pero piensen como estudiantes, que se tienen que preparar para seguir con esto que tenemos y que nadie nos lo quite", finalizó.

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