El tiempo, que no es sino una de las formas de existencia de la materia y se caracteriza por la sucesión y durabilidad de los fenómenos, es una cuestión inherente a todo el mundo. Pero los aniversarios dignos de celebrarse o conmemorarse son los de aquellos que han dejado una huella imborrable en las generaciones de seres humanos, que ameritan pervivir en la memoria precisamente por su significación y trascendencia para la sociedad de su tiempo y del futuro.
El pueblo necesita organización y conciencia de clase para defender sus intereses y conquistar un futuro digno.
En Antorcha, los eventos de aniversario ni son sobre cualquier cosa ni actos vacíos de contenido, sino, por el contrario, el balance de aciertos y errores, el recuento objetivo de logros, pero también de los esfuerzos y los sacrificios que han sido el costo que ha tenido que pagarse por el avance y desarrollo de los pueblos, colonias, fábricas o escuelas; en fin, el campo de la lucha popular por conseguir mejores condiciones de vida, reconocidas en la ley pero ausentes de la vida cotidiana de las grandes masas empobrecidas y trabajadoras.
Recientemente se celebró en la Sierra Norte de Puebla el 42 aniversario de la llegada del Movimiento Antorchista Nacional (MAN) a Huitzilan de Serdán, que, como ha quedado claro, significó la llave al progreso luminoso que vive hoy la zona.

No sólo era una de las más atrasadas económicamente en esos años, a pesar de la riqueza natural de que es poseedora por su envidiable clima, sino incluso símbolo de la barbarie que predominó durante mucho tiempo. Esto la hizo noticia, cuando menos a nivel nacional, por la violencia desplegada por los caciques apropiadores tanto de la riqueza como del trabajo ajeno, así como por grupos seudorrevolucionarios e izquierdistas como la Unión Campesina Independiente (UCI), que de “defensores del pueblo” pasaron a ser los ejecutores a sueldo de los horrendos crímenes perpetrados por los ricachones caciques huitziltecos en contra de la población, mayoritariamente indígena.
Cuando Antorcha llegó a Huitzilan no había autoridades municipales ni maestros en la escuela primaria, prácticamente la única en existencia, porque habían tenido que huir para no caer bajo las balas asesinas de los caciques y sus compinches, como había venido sucediendo durante un largo periodo. Sólo existía despojo, desolación, injusticia, miseria, desplazamiento y muerte.

Ni las hojas de los árboles podían moverse sin el permiso de la “gente de razón”, como se hacían llamar, quienes se habían adueñado de las vidas y haciendas de toda la población del bello municipio serrano, cuyo nombre en náhuatl significa lugar de colibríes.
Huitzilan fue el segundo municipio gobernado por el MAN, sólo después de Tecomatlán, cuna del Movimiento Antorchista, y como en aquel, los poderosos quisieron ahogar por medio de la violencia y el asesinato la organización de la clase pobre desde la cuna.
Pero el pueblo, ya organizado, consciente y decidido a conquistar un futuro luminoso y digno para él y los suyos, al cual tenía pleno derecho, supo orientarse correctamente y se dispuso a arrostrar los riesgos y peligros que su anhelo implicaba.
Entonces, Huitzilan supo hermanar su suerte con los pobres de Tecomatlán y de México y así conquistar para ellos y para sus hijos el municipio que las presentes generaciones disfrutan plácidamente y en paz, aunque desconozcan los ímprobos trabajos que implicaron colocar los pilares sobre los que está forjado este nuevo Huitzilan de Serdán.

Quienes lo hicieron estuvieron dispuestos a ofrendar su vida, entregándola en una sola exhibición o a girones cotidianos de lucha y sacrificio, como auténticos héroes civiles, sin esperar a cambio siquiera el reconocimiento, sino sólo la satisfacción de lo logrado y el deber cumplido.
Eso en el área rural, en lo que toca al frente de lucha campesino. Pero otro tanto puede decirse del área urbana, que cuenta también con numerosos ejemplos. Para confirmarlo, se realizará en fecha próxima el aniversario de la llegada de Antorcha al Cerro del Tejolote, municipio de Ixtapaluca, Estado de México, un hito en la lucha popular por conseguir mejores condiciones de vida que se han materializado en obras de infraestructura y servicios, no sólo elementales sino de todo tipo, de tal manera que sus habitantes pueden desarrollar sus capacidades a plenitud sin tener que erogar gastos ni salir de su colonia.

En ambos casos, lo que resalta es que el pueblo necesita de su organización para sacar adelante sus intereses, pues desunido es presa fácil de quienes se oponen al desarrollo. Pero esa unión debe estar garantizada por la fraternidad a toda prueba, por la comunidad de intereses que haga imposible la desunión que los enemigos del pueblo intentarán una y otra vez romper de diversas formas: desde la compra de conciencias y voluntades hasta las coercitivas y, llegado el caso, el empleo de la violencia física para que cundan el miedo y la desesperanza entre los pobres.
Para garantizar esa unión, la fraternidad de los oprimidos que hermane al pueblo en su lucha por conquistar las riendas de su propio destino y el poder político, es necesaria la conciencia de clase, es decir, el conocimiento profundo, la razón y el dominio de la teoría científica que ilumine el camino de los pueblos hacia un futuro mejor para todos.
A esta tarea, a la construcción de una sociedad de nuevo tipo, donde por las condiciones económicas —que son las fundamentales— se haga realidad el anhelo del hombre de ver a los demás como a sí mismo, están consagrados los aniversarios de estos acontecimientos significativos. Adelante, compañeros.
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