MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Hoy, la lucha es por el dominio del mundo (I/II)

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“Creo que los que hicieron tantas cosas 

deben ser dueños de todas las cosas”

La Editorial Esténtor publicó, en días pasados, la nueva obra del líder nacional del Movimiento Antorchista, Aquiles Córdova Morán, que lleva por título La crisis terminal del capitalismo. Quiero felicitar a esta editorial que ha publicado varias obras escritas por nuestro querido maestro, a diferencia de muchas otras editoriales y medios de comunicación al servicio de los ricos que han intentado censurar la opinión de nuestra organización social que, con orgullo, este 2024 cumple 50 años luchando contra el enriquecimiento de unos cuantos a costa del empobrecimiento de millones de personas a nivel nacional y mundial. 

La crisis terminal del capitalismo es un libro de 68 páginas basado en una conferencia de Aquiles Córdova Morán dirigida a miles de jóvenes en 2015 en Tecomatlán, Puebla. Los que hemos tenido la oportunidad de escuchar al maestro, sabemos que es un hombre con una inteligencia única, producto de una colosal disciplina en el estudio y de una voluntad de hierro comprometida con la construcción de un mundo más humano y justo para los pobres.

Hoy, las ideas que transmitió en su momento en aquella charla están disponibles en dicho cuaderno para ser estudiadas y analizadas por obreros, campesinos, comerciantes, amas de casa, estudiantes y por todos aquellos que tengan la ambición de eliminar por completo la opresión del capitalismo imperialista, que hoy impera como modelo principal de casi todas las naciones que comprenden al globo terráqueo. 

Esta obra se divide en tres partes: “Capitalismo e imperialismo, un repaso de la historia”, “El siglo XX: la consolidación del imperialismo y el surgimiento de una esperanza” y “El panorama actual y el camino hacia un mundo mejor”. Abordaré de manera breve lo que he leído.

Dice en la primera parte: “El mundo se acerca a una crisis definitiva de grandes proporciones” y líneas posteriores afirma “la lucha es por el dominio del mundo”, haciendo referencia al comportamiento que Estados Unidos ha tenido en los últimos años. Este país, sujeto al imperialismo, quiere dominar al mundo y se ve amenazado por Rusia y China, naciones que han planteado un “mundo multipolar”, donde la sociedad no sea dominada por una hegemonía, sino que cada nación en el mundo tenga la capacidad de desarrollarse, enriquecerse y producir “para el beneficio de sus pueblos, de la humanidad entera” y esto hace que los dueños de los monopolios estadounidenses sientan su sangre hervir y estallen de cólera amenazando al mundo con iniciar una guerra que arrasará con todo:

“Hoy el planeta se encuentra en esta mortal disyuntiva: o se hace lacayo del imperialismo capitalista o se adhiere a la propuesta que encabeza Rusia y China para la creación de un mundo multipolar”.

El libro describe magistralmente las características del imperialismo, que necesitan conocerse para comprender por qué la agresividad del imperialismo estadounidense en contra del mundo.

Se lee lo siguiente: “El capitalismo es la economía basada en la ganancia privada de las empresas, el sistema basado en la explotación del trabajo asalariado y en la acumulacion de la riqueza a base de una parte de este trabajo no pagado al obrero”, pero para alcanzar el nivel de imperialismo, se necesitó de tres cosas: “la concentración y centralización de capital”, lo que produjo más enriquecimiento de unos cuantos, la monopolización y la desventaja de las pequeñas empresas frente a los grandes capitales; la “tecnificación de las máquinas” que “elimina a los obreros de las fábricas, pues con aparatos más modernos se sustituyen tareas que antes realizaban los trabajadores”, y el surgimiento del “capital sobrante” que va a parar a manos del “capital financiero”, o sea, a los bancos que hoy concentran exorbitantes y monstruosas cantidades de dinero que se introduce en los países subdesarrollados bajo la filantrópica bandera del “libre cambio”.

El libre cambio no es más que “la solución que el imperialismo encontró una vez que no pudo vender toda su producción dentro de su país”, pero como bien sabemos, cuando llegan a nuestras naciones, como es el caso de México, saquean el Producto Interno Bruto (PIB), dañan los ecosistemas y a su vez, succionan a través de las empresas la vida de los trabajadores, pagándoles únicamente una dote para que sobrevivan y al día siguiente repitan la misma historia. ¿Y qué pasa con los que se niegan? Pues conocen la furia visceral del imperialismo: el intervencionismo, los bloqueos, las guerras. 

De manera muy contundente, el maestro afirma en la segunda parte del libro que: “la verdadera historia de la Segunda Guerra Mundial no se ha escrito, hasta hoy, correctamente. La Segunda Guerra Mundial fue contra la Unión Soviética y la ganó la Unión Soviética”, esto luego de explicarnos que la característica principal de la Primera y la Segunda Guerra Mundial es que son conflictos que se han desatado con la pretensión de los países imperialistas de colonizar a los países pobres, de “repartirse el mundo, las zonas de explotación que a cada uno le corresponde”.

Sin embargo, no pudieron hacerlo porque “no contaron con la astucia de Vladimir I. Lenin y su Partido, los cuales aprovechando que los imperialistas se estaban peleando como perros y gatos, llevaron a cabo la revolución proletaria de 1917 en Rusia” y los grandes capitales se vieron amenazados y no conformes con el desastre causado con la Primera Guerra Mundial (los que en un primer momento eran enemigos) se unieron en contra del socialismo ruso y más tarde “Alemania volvió a exigir un nuevo reparto del mundo, desatando la Segunda Guerra Mundial”. Ahora bien, lo que se explica a continuación es de suma importancia, porque estamos ante una interpretación poco conocida de los hechos históricos de aquel entonces, dice así: “Stalin derrotó a Hitler el 2 de febrero de 1943 [...] historiadores imperialistas dicen que el Día D fue el comienzo de la derrota de Hitler [...] eso es una mentira. El resultado de la guerra ya se había decidido en Stalingrado y la había ganado la Unión Soviética, por eso es que la URSS se quedó con toda Europa del este y con la mitad de Alemania. [...] La forma en que se dividió [...] es la mejor prueba de que quién ganó fue la URSS [...] no se la regalaron, la peleó y la ganó”.

Concluyo con lo siguiente:

“La Segunda Guerra Mundial no fue como ahora la pintan: una lucha de las democracias occidentales contra el nazismo alemán. Fue en realidad una lucha directa de Alemania contra la URSS y, de manera indirecta, de las potencias occidentales contra esta. Inglaterra y Estados Unidos [...] no movieron ni un dedo para ayudar a la Unión Soviética; se movilizaron hasta que la URSS había derrotado al ejército de Hitler”.

Uno tiembla cuando lee esta parte, uno se conmociona y se conmueve porque Aquiles Córdova Morán ha hecho con estos planteamientos mera justicia en favor de los verdaderos héroes de la humanidad. Por eso es importantísimo que ningún antorchista y ningún aspirante a un mundo mejor deje de leer La crisis terminal del capitalismo.

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