MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Educación primero para el hijo del obrero (I/II)

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Urge cultivar el espíritu de las nuevas generaciones a través de la historia y el arte. Es un hecho que cada nueva generación que egresa del nivel básico se aleja cada día más de la educación cívica y artística con la que se educaron las generaciones de nuestros padres, donde la Geografía, Historia y educación artística eran pilares de la formación integral de los niños. La llamada “hora social” donde los niños participaban declamando, cantando, bailando o haciendo uso de sus dotes de orador, fueron actividades que permitieron que el alumno adquiriera seguridad para enfrentar los problemas de la vida. El hecho de socializar de esa manera con sus compañeros de grupo los motivaba a adentrarse al mundo del arte, a filosofar de los grandes problemas del universo.

¿Qué decir de las artes plásticas? La pintura, la escultura, la arquitectura, definitivamente han sido desplazadas, por considerarse innecesarias en la formación de nuevos obreros que sirvan al capital. Los planes y programas de estudio son diseñados por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, ajenos a la problemática que viven los mexicanos y que lo único que buscan es que la educación esté al servicio de la gran burguesía, que sólo requiere de obreros que trabajen en sus fábricas y no de seres pensantes que intenten resolver los problemas sociales y económicos que vive nuestro país.

Por lo anterior, me quiero referir al tema que tanta polémica ha generado: los nuevos libros de texto gratuito que emite la Secretaría de Educación Pública (SEP), que claramente desde su edición no cumplen con las especificaciones que requiere la elaboración de estos libros.

Para que mis lectores tengan un comparativo y puedan sacar sus propias conclusiones de lo que hoy pasa en la Secretaría de Educación Pública reseñaré el gran trabajo que en su momento realizó el gran poeta Jaime Torres Bodet que además fue diplomático, ensayista y escritor con una gran trayectoria en el servicio público. Vale la pena mencionarlo, ya que hoy en día el único requisito para ser secretario de Educación es ser completamente complaciente con todo lo que ordene el presidente de la República. Así y sólo así se llega a escalar hasta estos puestos.

Jaime Torres Bodet llegó a ser secretario de Educación Pública entre 1943 y 1946, como fruto de su gran preparación académica, ya que anteriormente se desempeñó como secretario particular del gran José Vasconcelos (primer secretario de Educación Pública que impulsó la educación popular, creando escuelas rurales, bibliotecas, ediciones de libros de literatura universal, promotor de la pintura mexicana, donde impulsó a grandes personajes como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros entre otros).

Para que mis lectores tengan un comparativo y puedan sacar sus propias conclusiones de lo que hoy pasa en la Secretaría de Educación Pública reseñaré el gran trabajo que en su momento realizó el gran poeta Jaime Torres Bodet que además fue diplomático, ensayista y escritor con una gran trayectoria en el servicio público.

En 1922 fue nombrado jefe del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), puesto que ocupó hasta 1924, para convertirse luego, de 1925 a 1928, en profesor de literatura francesa en la Facultad de Altos Estudios. En 1929 ingresó al Servicio Exterior, estuvo designado en Madrid, París, La Haya, Buenos Aires y Bruselas. De 1940 a 1943 fue subsecretario de Relaciones Exteriores. En 1948 fue nombrado director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) hasta 1952. De 1954 a 1958 fue embajador de México en Francia.

Siendo secretario de Educación promovió la Campaña Nacional contra el Analfabetismo, creó el Instituto de Capacitación del Magisterio, organizó la Comisión Revisora de Planes y Programas, inició la Biblioteca Enciclopédica Popular, dirigió el valioso compendio México y la cultura (1946), construyó numerosas escuelas y, señaladamente, la Escuela Normal para Maestros, la Escuela Normal Superior y el Conservatorio Nacional en la Ciudad de México.

De 1958 a 1964 ocupó por segunda ocasión el cargo de secretario de Educación Pública, durante este periodo inició un Plan de Once Años para resolver el problema de la educación primaria en el país, fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos y promovió la construcción del Museo Nacional de Antropología, del Museo de Arte Moderno así como la organización y adaptación de los de Arte Virreinal y de Pintura Colonial. También dio auge al programa nacional de construcción de escuelas. Creó, además, los primeros 30 centros de Capacitación para Trabajo Industrial, que fueron un importante impulso para la formación profesional en México.

Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de El Colegio Nacional, del Instituto de Francia (cuya Academia de Bellas Artes presidió en 1966 y 1967) y de la Academia del Mundo Latino, fue investido como doctor Honoris Causa por las universidades de Albuquerque, Burdeos, Bruselas, La Habana, Lima, Lyon, Mérida, México, París, Sinaloa y del Sur de California.

De esa talla, era el gran secretario de educación Jaime Torres Bodet. Sobre el impacto de su trabajo en la edificación del organismo rector que crease los libros de texto, gratuitos, hablaré en próxima ocasión.

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