MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Chimalhuacán 2023

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Me dirijo respetuosamente al pueblo de Chimalhuacán y al pueblo de México. Este 18 de agosto se cumplen 23 años del vil asesinato de 10 compañeros antorchistas en Chimalhuacán perpetrados por La Loba, sus secuaces y con el silencio y, por lo mismo, la complicidad implícita o tácita de un sector de los grupos poderosos del Estado de México y del país del año 2000. Nuestros compañeros fallecieron inermes. Recuerdo que desde temprano nos levantamos para invitar a la gente a que acudiera a un evento de trascendencia histórica para el municipio de Chimalhuacán: la toma de posesión del compañero Jesús Tolentino Román Bojórquez quien había ganado las elecciones democráticamente y que la gente respaldó decididamente, pues vieron en el compañero Tolentino la esperanza de un cambio profundo.

Recuerdo que estábamos muy contentos porque sería la toma de posesión y se preparó un evento cultural al cual me tocó invitar a Alvarito y a Eréndira, su hermana, dos niños pequeñitos e inocentes quienes con su privilegiada voz cantarían en el evento de festejo. No nos esperábamos que, de pronto, al sonar las 11:00 AM, gente apostada en el techo de la presidencia municipal de Chimalhuacán y en los arcos al costado de ella, comenzara primero a lanzar piedras al sonar la campana del reloj de la presidencia y luego a disparar. El desorden cundió; la desesperación invadió a todos. Madres con sus hijos, corriendo con angustia para cubrir a sus pequeños del peligro. Como resultado de ese artero ataque: 10 muertos y 99 heridos de bala, qué si hubieran dado en el corazón, estimado lector, estaríamos hablando de 108 muertes violentas.  

Un hombre de los “lobos” se colocó en posición de tiro y vació su pistola completamente. Un tiro le dio a una compañera que gritó: “me dieron”, se le rescató entre cuatro personas. En su dolor y angustia dijo, según me contaron, “les encargo a mi hija”. No murió la compañera, pero su lesión fue tan grave que perdió la movilidad del brazo izquierdo. Otros compañeros no corrieron con esa suerte, don Crescencio Sánchez Damián, fue abatido cobardemente por la espalda; sin embargo, en ningún momento el compañero abandonó su bandera antorchista. Murió, conmovedoramente, con su bandera roja de Antorcha empuñada en su mano derecha.

La policía estatal no intervino, pese a que fue solicitado su apoyo oportunamente y por escrito por el compañero Tolentino al gobierno del Estado de México. Llegó la policía, pero no hizo nada.

Este artero ataque se convirtió en una desgracia que los chimalhuacanos no deben olvidar por dos razones: primero, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla y segundo, porque debe inteligentemente el pueblo de Chimalhuacán contrastar entre la forma de gobierno actual, de Morena, y la que el Movimiento Antorchista mostró a lo largo de 21 años de trabajo. Reflexionemos:

Chimalhuacán estaba en el abandono total, con la tasa de crecimiento más alta que la de la India, aproximadamente de 13 por ciento. Un rezago histórico en materia de agua potable, de drenaje, de pavimentaciones, de falta de luz, fuertes problemas de inseguridad, drogadicción, etcétera, se ceñía sobre la gente pobre. Era Chimalhuacán en el año 2000 un basurero. En los años 90 un microbús se hundió en la calle Ignacio Manuel Altamirano, más de 10 muertos ahogados. Estaba Chimalhuacán en el peor de los abandonos.

Con la agresión contra los antorchistas indefensos, se lanzó una campaña nacional de apoyo del Movimiento Antorchista que derivó en el encarcelamiento de Guadalupe Buendía, alias La Loba y otros criminales cercanos a ella y pudo iniciarse una ruta de progreso.

A partir de ese momento inició el camino de la renovación profunda y revolucionaria de Chimalhuacán. Por ejemplo, en sólo el primer trienio de Tolentino, se pavimentaron más calles que en los 20 años anteriores al año 2000; de tener un solo camión de basura, se pasó a tener 11; de tener unas cuantas patrullas en funciones, se pasó a tener una flotilla importante que cambió la percepción de seguridad; se levantaron miles de toneladas de basura; acorde con ello, se iniciaron las faenas de trabajo de limpieza comunitaria, en la que participaron los empleados del ayuntamiento en sus diferentes áreas y la comunidad.

Esas faenas eran una fiesta: me tocó ser funcionario del DIF y nos tocaba la parte correspondiente a donde hoy se encuentra, orgulloso, el Guerrero Chimalli. Se le recomendó al compañero Tolentino poner unas lámparas tipo corona para que el acceso por la zona del bordo se viera iluminada y cambiara el aspecto. El compañero, de inmediato, giró instrucciones y se realizó la colocación de esas luminarias que le dieron un nuevo aspecto a una de las más importantes entradas a Chimalhuacán. Poco a poco, Chimalhuacán se iluminó.

Gracias a las organizaciones del proyecto Nuevo Chimalhuacán, a la guía decidida de Antorcha, a la participación consciente y a la lucha del pueblo de Chimalhuacán, el municipio se convirtió en una ciudad moderna, orgullosa, distinta, ejemplar. De no tener universidades, hoy tiene ocho escuelas de nivel superior; de no tener albercas (como no sean los charcos que se formaban con agua y lodo), hoy tiene la alberca olímpica y la alberca semiolímpica; de no tener teatros, tiene el teatro Acolmixtli Nezahualcóyotl; de no tener más que camiones “chimecos”, que a veces manejaban jóvenes drogados, hoy se tiene un Mexibus; de no tener instalaciones recreativas, se tiene un parque acuático con lago, un planetario.

En el caso de la entrada a Chimalhuacán, se tiene la obra más grande y monumental que ha hecho en el mundo el escultor Sebastián: el Guerrero Chimalli. Chimalhuacán, con sus calles pavimentadas, con agua potable, con obras de infraestructura de cultural y deportiva, con apoyos a las escuelas de todos los niveles y hasta con un proyecto de parque industrial sin chimeneas, hoy está gobernado por la ineficiencia, por la intolerancia, por la falta de sensibilidad y por la falta de respeto a quienes murieron para dejar el Chimalhuacán que hoy es.

Efectivamente, denuncio que la presidencia municipal negó la petición del Movimiento Antorchista que solicitó tanto la calle principal frente a la iglesia de la cabecera de Chimalhuacán, para hacer el acto matutino que consiste en una misa y un breve programa político cultural y se negaron también a prestar la plaza de los Mártires, hecha exprofeso para honrar a quienes con su vida sembraron la semilla del progreso en Chimalhuacán.

¿Creerá Morena que con esas acciones ridículas podrá frenar el progreso y el desarrollo y enterrar la llama del Movimiento Antorchista? Pues adelantamos que no, que hay Movimiento Antorchista para rato, pues mientras haya gente humilde, desprotegida, que viva en condiciones difíciles de pobreza, Antorcha estará viva y presente.

Llamo al pueblo de Chimalhuacán a tomar conciencia de la diferencia entre un gobierno basado en la organización social y participación de la gente, cuyos resultados se muestran en el hecho de que logró convertir a Chimalhuacán de una ciudad basurero a una sociedad moderna; en comparación con el gobierno morenista, que basa su estrategia de trabajo en la compra de conciencias, dándole unos mendrugos de dinero a la gente en forma de “programas sociales” a cambio de votos. El problema es que una política así se desentiende de los problemas esenciales: la seguridad pública, la salud del pueblo, la educación, etcétera.

El pueblo, por tanto, debe aprender a distinguir entre quienes son sus amigos y quienes sus manipuladores. Contrasten entre lo que ha hecho el gobierno morenista de Chimalhuacán y lo que hicieron los antorchistas. Los antorchistas somos los amigos del pueblo. Sigamos construyendo la conciencia del pueblo de Chimalhuacán y de México, para poder construir un municipio y un país mejores. 

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